EL BANDONEON BLANCO Angel más que mi socio era mi amigo. Después de andar separados mucho tiempo, cada cual en sus cosas, decidimos juntarnos y poner un local de venta de automóviles. Un empleado atendería el negocio, cuando no estuviésemos allí, o nos halláramos abocados a otra tarea. Él mismo mantenía los coches, los aseaba, y le arreglaba pequeñas cosas, del motor. Eran usados, pero en buen estado, y los recomendábamos a amigos y clientes. La correspondiente asistencia mecánica y de chapa o pintura, la efectuábamos, en un taller a cinco cuadras de nuestro local. El chapista y técnico era el "Grasa Castro", así llamado, porque siempre emanaba un tufo, con olor, color y untuosidad del oleoso elemento que se usaba para lubricar los carros. Lo conocíamos desde hacia tiempo y sabíamos que Castro, era un buen tipo, tenía una familia, compuesta por su esposa y dos hijos. Él laboraba de sol a sol para mantenerlos correctamente. Una tarde Angel llevó un Taunus muy bueno que teníamos en exhibición en el salón, pero que no arrancaba. - Se quedó sin batería dijo Castro, le hizo un puente con otro auto y comenzó a funcionar. - Déjamelo esta tarde a ver si carga el alternador. Aclaró. Lo dejamos allí junto a un Citroen lustroso, como nuevo, que parecía entero. Cuando Angel volvió al local de ventas, sonó el teléfono. Era el grasa Castro, que nos proponía un negocio. Entregaría el Citroen rojo y algo de dinero, quedándose con el Taunus celeste, que le llevamos anteriormente. Le pedimos algo mas de dinero del que ofrecía y aceptó, por lo que cerramos el trato. Por la tarde, trajo el dinero remanente, pero no el Citroen. Al interrogar el porque, manifestó: - le faltaba terminar la caja de cambios, - ¿ y donde está? interrogamos - en lo del especialista en cajas agregó. - Faltaba retirarla, colocarla y salir andando, dijo. Pasaron varios días sin noticias del Grasa. Angel se mantenía tranquilo, pero así no era el trato. Nos faltaba el coche para venderlo y sacar el dinero necesario de dicha operación. Comencé a impacientarme y propuse ir a su taller a verlo. Lo encontramos con sus persianas cerradas pero a través de una rendija, miramos y allí estaba, reluciente.Decidimos esperar un rato hasta que volviese. Pasó aproximadamente una hora y el Grasa regresó. Cuando nos vio tartamudeaba, no sabía que decir. Así que lo increpamos, a que nos entregara el vehículo. - Me faltan 120 pesos, para retirar la caja, y no tengo el dinero, dijo. Decidimos darle el faltante y reunirnos por fin con el auto. Nuevamente pasaron unos quince días, y no apareció. Decidimos otra vez llegarnos al taller, nuevamente había desaparecido de su búnker, Esperamos pacientes y lo encontramos, tres horas después, pero el Citren no estaba. Su esposa que llegó antes que él no sabía que contestar. Para no ir preso, dijo, que había tenido que entregarlo por una deuda de juego. La cara de asombro de su señora y lo asustado de su voz, parecieron reales. Los quinieleros(1) clandestinos, son verdaderos mafiosos, y seguramente lo amenazaron, pensé. - Ustedes seguramente no me mandarán preso, les pagaré, agregó. Yo no estaba conforme y le dije a Angel, que le requisáramos la casa y nos cobrásemos, con lo que tuviere. Fue así que encontramos al entrar un equipo de música gigante, un proyector super ocho antiguo, pero en buen estado y algunas chucherías mas. Le dijimos que apenas si cubría la cuarta parte de la deuda, pero que todavía no lo denunciaríamos. De pronto Angel encontró una caja grande de cuero negro, en una biblioteca con mucha tierra de la pieza de servicio. - Eso no, dijo el Grasa, es un recuerdo de papá. Angelito respondió - ¿Al menos decime que es? - Es un viejo bandoneón doble A, respondió Castro, pero no lo transfiero a nadie. Angelito de un viejo pasado tanguero, dijo: - no puede ser debe valer una fortuna, déjame que tengo amigos en la Capital y te lo puedo vender, capaz que cerráis todos los agujeros económicos. Castro agregó, - fui a una sola clase y desde entonces está donde lo ves. Es de verdad un doble A cero kilómetros. Haz lo que puedas Angel. Salieron de allí con las cosas que habían seleccionado y Angel con la espina clavada del bandoneón en la garganta. Éste, viejo amigo, del cantor Rubén Juárez, conocido de otros, como Cacho Castaña y la gata Varela, llamaría para preguntar si era posible venderlo. Mejoraría las deudas, de Castro y cobraría las propias. Esa misma noche lo llamó a Juárez por teléfono, este le preguntó, seguro que es un doble A, casi no existen, le dijo, sin creerle, pero mañana estoy en el Tortoni por la noche. Me traes al tonto con el bandoneón, pensá que hacen veinte años que no se importan de Alemania. El único que sabe de ellos es Wirds el Checo, que trajo tres, escapado de la guerra. Justamente era el que se los afinaba y arreglaba a los muchachos de su orquesta típica Argentina. Hicimos lo imposible para sacarle la grasa a Castro, y vestirlo decentemente, con su único traje de casamiento. Llevamos el bandoneón en su funda original, agarramos el auto y nos fuimos al Tortoni. La cara de Castro y su atuendo, con la caja del instrumento, mas parecía un deshollinador que un vendedor de fuelles. Al llegar al boliche, el mozo que conocía a Angel, le dijo: - le trajeron eso al maestro, y agregó - en el intervalo los espera en el camerino. Cuando, sonaban los últimos acordes del mítico " Sur", nos llegamos a la recámara de Juárez. Allí estaba él con el checo experto. - A ver pibe, dijo el checo, evidentemente es un doble A, pero necesito tres días para ver si funca(2). Se lo entregamos, responsabilizándolo a Juárez del bien y nos fuimos. Al día siguiente, el negro Juárez nos llamó desesperado, informando que el bandoneón era de primera, parece un Estradivarius (parafraseando a los violines). Dijo que valía tres mil quinientos dólares, pero él solo tenía dos mil ochocientos, y era lo que ofrecía. El grasa Castro, saltaba en una pata, de contento cuando se enteró y decidió venderlo en esos valores. Fuimos con Angel al Tortoni a buscar los dólares, tomamos lo que el grasa nos debía y el resto se lo dimos para que tapara todos sus agujeros económicos. Luego supimos que le había quedado algo, para comprar un viejo taxi habilitado. En la actualidad trabaja para una empresa de transportes, y tiene diez autos, de su propiedad. El bandoneón fue pintado con laca blanca, y presentado en un espectáculo que Juárez, ofreciera con Cacho Castaña en la ciudad de Mar del Plata. Juntos estrenando el tango dedicado al grande del tango Argentino, el "Polaco Goyeneche", titulado " Garganta con Arena", y que en sus primeras estrofas dice así: Canta, Garganta con arena Tu voz tiene la pena Que Malena le cantó. Canta que Juárez te condena A lastimar su pena Con su blanco bandoneón. Canta, la gente está aplaudiendo, Y aunque te estés muriendo No conocen tu dolor Canta, que Troilo desde el cielo, debajo de tu almohada un sueño te dejó Pasaron los años y el viejo fuelle, recorrió miles de kilómetros enfundado en su estuche de cuero negro. Juarez, exquisito interprete de la sensiblería ciudadana, fue el encargado de vehiculizar su armonía. Fue nuevamente pintado en laca negra, y pasó a integrar el lote de siete bandoneones que, el interprete ejecuta según su estado de ánimo en cada ocasión.

 

  1. quinielero, jugador de números clandestino
  2. funca: lunfardo por andar o funcionar una cosa.