MAURICIO MODAY, EL MISMO DE SIEMPRELa vida es una risa, no se muera nunca2009-11-25T14:54:46+00:00
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Culturathe-shaker: that blog/flickr/multimedia-aggregator kind of thingMAURICIO MODAY, EL MISMO DE SIEMPREhttp://s3.amazonaws.com/lcp/mmoday/myfiles/PIC0000465x65.jpghttp://mmoday.lacoctelera.net/post/2009/11/25/el-bandoneon-blancoEL BANDONEON BLANCO2009-11-25T14:54:46+00:002009-11-25T14:54:46+00:00
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">EL BANDONEON BLANCO </span>Angel más que mi socio era mi amigo. Después de andar separados mucho tiempo, cada cual en sus cosas, decidimos juntarnos y poner un local de venta de automóviles. Un empleado atendería el negocio, cuando no estuviésemos allí, o nos halláramos abocados a otra tarea. Él mismo mantenía los coches, los aseaba, y le arreglaba pequeñas cosas, del motor. Eran usados, pero en buen estado, y los recomendábamos a amigos y clientes. La correspondiente asistencia mecánica y de chapa o pintura, la efectuábamos, en un taller a cinco cuadras de nuestro local. El chapista y técnico era el "Grasa Castro", así llamado, porque siempre emanaba un tufo, con olor, color y untuosidad del oleoso elemento que se usaba para lubricar los carros. Lo conocíamos desde hacia tiempo y sabíamos que Castro, era un buen tipo, tenía una familia, compuesta por su esposa y dos hijos. Él laboraba de sol a sol para mantenerlos correctamente. Una tarde Angel llevó un Taunus muy bueno que teníamos en exhibición en el salón, pero que no arrancaba. - Se quedó sin batería dijo Castro, le hizo un puente con otro auto y comenzó a funcionar. - Déjamelo esta tarde a ver si carga el alternador. Aclaró. Lo dejamos allí junto a un Citroen lustroso, como nuevo, que parecía entero. Cuando Angel volvió al local de ventas, sonó el teléfono. Era el grasa Castro, que nos proponía un negocio. Entregaría el Citroen rojo y algo de dinero, quedándose con el Taunus celeste, que le llevamos anteriormente. Le pedimos algo mas de dinero del que ofrecía y aceptó, por lo que cerramos el trato. Por la tarde, trajo el dinero remanente, pero no el Citroen. Al interrogar el porque, manifestó: - le faltaba terminar la caja de cambios, - ¿ y donde está? interrogamos - en lo del especialista en cajas agregó. - Faltaba retirarla, colocarla y salir andando, dijo. Pasaron varios días sin noticias del Grasa. Angel se mantenía tranquilo, pero así no era el trato. Nos faltaba el coche para venderlo y sacar el dinero necesario de dicha operación. Comencé a impacientarme y propuse ir a su taller a verlo. Lo encontramos con sus persianas cerradas pero a través de una rendija, miramos y allí estaba, reluciente.Decidimos esperar un rato hasta que volviese. Pasó aproximadamente una hora y el Grasa regresó. Cuando nos vio tartamudeaba, no sabía que decir. Así que lo increpamos, a que nos entregara el vehículo. - Me faltan 120 pesos, para retirar la caja, y no tengo el dinero, dijo. Decidimos darle el faltante y reunirnos por fin con el auto. Nuevamente pasaron unos quince días, y no apareció. Decidimos otra vez llegarnos al taller, nuevamente había desaparecido de su búnker, Esperamos pacientes y lo encontramos, tres horas después, pero el Citren no estaba. Su esposa que llegó antes que él no sabía que contestar. Para no ir preso, dijo, que había tenido que entregarlo por una deuda de juego. La cara de asombro de su señora y lo asustado de su voz, parecieron reales. Los quinieleros(1) clandestinos, son verdaderos mafiosos, y seguramente lo amenazaron, pensé. - Ustedes seguramente no me mandarán preso, les pagaré, agregó. Yo no estaba conforme y le dije a Angel, que le requisáramos la casa y nos cobrásemos, con lo que tuviere. Fue así que encontramos al entrar un equipo de música gigante, un proyector super ocho antiguo, pero en buen estado y algunas chucherías mas. Le dijimos que apenas si cubría la cuarta parte de la deuda, pero que todavía no lo denunciaríamos. De pronto Angel encontró una caja grande de cuero negro, en una biblioteca con mucha tierra de la pieza de servicio. - Eso no, dijo el Grasa, es un recuerdo de papá. Angelito respondió - ¿Al menos decime que es? - Es un viejo bandoneón doble A, respondió Castro, pero no lo transfiero a nadie. Angelito de un viejo pasado tanguero, dijo: - no puede ser debe valer una fortuna, déjame que tengo amigos en la Capital y te lo puedo vender, capaz que cerráis todos los agujeros económicos. Castro agregó, - fui a una sola clase y desde entonces está donde lo ves. Es de verdad un doble A cero kilómetros. Haz lo que puedas Angel. Salieron de allí con las cosas que habían seleccionado y Angel con la espina clavada del bandoneón en la garganta. Éste, viejo amigo, del cantor Rubén Juárez, conocido de otros, como Cacho Castaña y la gata Varela, llamaría para preguntar si era posible venderlo. Mejoraría las deudas, de Castro y cobraría las propias. Esa misma noche lo llamó a Juárez por teléfono, este le preguntó, seguro que es un doble A, casi no existen, le dijo, sin creerle, pero mañana estoy en el Tortoni por la noche. Me traes al tonto con el bandoneón, pensá que hacen veinte años que no se importan de Alemania. El único que sabe de ellos es Wirds el Checo, que trajo tres, escapado de la guerra. Justamente era el que se los afinaba y arreglaba a los muchachos de su orquesta típica Argentina. Hicimos lo imposible para sacarle la grasa a Castro, y vestirlo decentemente, con su único traje de casamiento. Llevamos el bandoneón en su funda original, agarramos el auto y nos fuimos al Tortoni. La cara de Castro y su atuendo, con la caja del instrumento, mas parecía un deshollinador que un vendedor de fuelles. Al llegar al boliche, el mozo que conocía a Angel, le dijo: - le trajeron eso al maestro, y agregó - en el intervalo los espera en el camerino. Cuando, sonaban los últimos acordes del mítico " Sur", nos llegamos a la recámara de Juárez. Allí estaba él con el checo experto. - A ver pibe, dijo el checo, evidentemente es un doble A, pero necesito tres días para ver si funca(2). Se lo entregamos, responsabilizándolo a Juárez del bien y nos fuimos. Al día siguiente, el negro Juárez nos llamó desesperado, informando que el bandoneón era de primera, parece un Estradivarius (parafraseando a los violines). Dijo que valía tres mil quinientos dólares, pero él solo tenía dos mil ochocientos, y era lo que ofrecía. El grasa Castro, saltaba en una pata, de contento cuando se enteró y decidió venderlo en esos valores. Fuimos con Angel al Tortoni a buscar los dólares, tomamos lo que el grasa nos debía y el resto se lo dimos para que tapara todos sus agujeros económicos. Luego supimos que le había quedado algo, para comprar un viejo taxi habilitado. En la actualidad trabaja para una empresa de transportes, y tiene diez autos, de su propiedad. El bandoneón fue pintado con laca blanca, y presentado en un espectáculo que Juárez, ofreciera con Cacho Castaña en la ciudad de Mar del Plata. Juntos estrenando el tango dedicado al grande del tango Argentino, el "Polaco Goyeneche", titulado " Garganta con Arena", y que en sus primeras estrofas dice así: Canta, Garganta con arena Tu voz tiene la pena Que Malena le cantó. Canta que Juárez te condena A lastimar su pena Con su blanco bandoneón. Canta, la gente está aplaudiendo, Y aunque te estés muriendo No conocen tu dolor Canta, que Troilo desde el cielo, debajo de tu almohada un sueño te dejó Pasaron los años y el viejo fuelle, recorrió miles de kilómetros enfundado en su estuche de cuero negro. Juarez, exquisito interprete de la sensiblería ciudadana, fue el encargado de vehiculizar su armonía. Fue nuevamente pintado en laca negra, y pasó a integrar el lote de siete bandoneones que, el interprete ejecuta según su estado de ánimo en cada ocasión.</p>
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<li>quinielero, jugador de números clandestino</li>
<li>funca: lunfardo por andar o funcionar una cosa.</li>
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MAURICIO MODAY, EL MISMO DE SIEMPREhttp://s3.amazonaws.com/lcp/mmoday/myfiles/PIC0000465x65.jpghttp://mmoday.lacoctelera.net/post/2009/11/25/vapores-alcoholVAPORES DE ALCOHOL2009-11-25T14:43:27+00:002009-11-25T14:43:27+00:00
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<p><strong>Me había organizado, luego del divorcio. Seguramente en los dos integrantes de la pareja, quedó alguna marca, sello o herida.</strong></p>
<p><strong> Mi separación había sido muy traumática. Dos hijos pequeños, mediando entre sus padres. Mejor dicho tironeando, para unir el matrimonio, que destrozó la incomunicación, como los cuatro caballos separaron a Tupac-Amaru.</strong></p>
<p><strong> Luego de esos meses de virtual shock, la mente humana se acomoda. Su función más importante, la capacidad de olvido, comenzó en mi ser, a retomar su senda. Mejore mi aspecto personal, y con lo poco que pude rescatar de esa rápida huida, reordené mi hábitat y comencé a cuidarlo y cuidarme.</strong></p>
<p><strong> Moraba en una casa quinta, rodeada de árboles añosos. La había logrado adquirir, con una hipoteca, durante el matrimonio y aun seguía pagando. Era un bien ganancial. </strong></p>
<p><strong> Comencé a redecorarlo y acomodar sus elementos internos. Al mudarme allí era una casa-rancho, con techo de chapas rurales. Agua potable, elevada con una bomba manual, muy antigua. Debía instalar un motor eléctrico.</strong></p>
<p><strong> Programé cambiar sus cables y tulipas, así como azulejos, y piso del baño reemplazándolos por pequeñas mayólicas y porcelanato. Renovaría sus artefactos y la grifería, y repararía la cocina y sus elementos.</strong></p>
<p><strong> Mientras los obreros trabajaban febrilmente, con las mejoras. Debía vivir en el lugar con infinitas dificultades. El agua, debía bombearla, manualmente al tanque superior, hasta adquirir el motor. También debía comprar un calefón a gas envasado, y lo instalaría en la cocina por la respectiva ventilación exterior. </strong></p>
<p><strong> Usaba transitoriamente, un alcohotanque, así era su nombre. Consistía en un pequeño depósito de agua, a la altura de la ducha, que sé calentada con combustible. Usualmente alcohol de Madera o de quemar, cuyos vapores eran algo tóxicos. Consumía oxígeno del ambiente, era patético.</strong></p>
<p><strong> Viajaba a mi trabajo, diariamente, por una ruta angosta y mal iluminada, con mucha niebla, especialmente, durante el otoño. Salía temprano, debía recorrer 60 kilómetros, hasta el hospital, en la gran ciudad.</strong></p>
<p><strong> Muy temprano llegaba Don Roque proveedor independiente de alimentos, no perecederos. Le dejaba la ollita en la galería con una nota y me vendía la leche suelta. Como también queso, pan y galletas marineras, que el y su familia elaboraban. Ordeñaba muy temprano sus vacas, y fabricaba las galletas en un horno de barro. Me encantaba todo lo natural y fresco. Que éste paisano me brindaba, dos veces por semana.</strong></p>
<p><strong> El resto de lo necesario para vivir lo adquiría frente al hospital donde trabajaba, en un pequeño supermercado.</strong></p>
<p><strong> Un perro se había, aquerenciado en el lugar, era flaco, manchado, de largas patas y orejas cortas, mas parecía una hiena que una mascota. Era muy bueno y lo interesante que siempre me esperaba alegre. Ladraba ante cualquier ruido extraño. </strong></p>
<p><strong> Sólo dos o tres días le di alimentos y se quedó definitivamente. Dormía dentro de la casa, y lo apodé ¨Mendieta¨, como aquel el famoso perro. Que acompañaba al gaucho de Fontanarrosa, inefable autor cómico Argentino, de todos los tiempos.</strong></p>
<p><strong> Siempre que Don Roque se hacia presente ¨Mendieta¨ inquieto y alerta, ladraba de una manera particular. Su olfato no lo engañaba. Era una mezcla de gruñido y aullido, muy raro, pero indicaba que era conocido, para él.</strong></p>
<p><strong> Aquella mañana de otoño, muy temprano. Muy dormido aun, aulló el perro pensé que era el proveedor. Le había dejado, la nota, con el pedido, y la olla con tapa para la leche fresca, en la galería iluminada.</strong></p>
<p><strong> Encendí la radio, como lo hacia habitualmente, fui al toilette, hacia mucho frío. Cargue el calefón con el alcohol de madera y lo encendí con los fósforos que había dejado previamente. Me senté en el inodoro y deje que el agua, largara vapor y calentara ese ambiente tan frío. Antes de bañarme, cerré la puerta y salí con una bata a regar las macetas de la galería. Los geranios eran pequeños, pero ya crecerían, en la primavera. </strong></p>
<p><strong> Regrese a los pocos segundos, colgué la bata, y entré al baño. Ahora si algo más templado pero con mucho vapor en suspensión. Había empañado totalmente el espejo.</strong></p>
<p><strong> Millones de gotas estaban depositadas, en los viejos azulejos. Comencé a bañarme, mirando por la pequeña ventana, hacia afuera. Solo las luces del campo, lejanas casi sobre el pueblo, se divisaban. El resto era oscuridad total.</strong></p>
<p><strong> Ese instante fue suficiente. A través de la pequeña abertura vidriada, comenzaron a desfilar sombras fantasmagóricas. Al parecer con cascos en sus cabezas. Caminaban muy rápido, con un compás determinado, casi marchando, el piso vibraba, el rancho se estremecía. Comencé a transpirar, pero sentía un frío intenso, mi cerebro algo obnubilado, casi como adormilado por el terror.</strong></p>
<p><strong> Por mi cabeza pasaron aquellos años terribles de la guerrilla, donde los militares, buscándolos, con listas negras, hacían requisas, casa por casa. Lo había padecido el pueblo. Llegaron, una madrugada, luego de varias horas, se llevaron a cuatro universitarios. Que aunque mentalizados con fuerzas revolucionarias, sólo eran simpatizantes, pero sin involucrarse activamente. Fueron absueltos en juicios sumarísimos y devueltos a sus hogares. </strong></p>
<p><strong> Otros no corrieron la misma suerte y fueron fusilados, o arrojados al mar desde aviones en vuelo.</strong></p>
<p><strong> En aquella jornada, fui detenido junto a mi automóvil, en el cual buscaron armas o panfletos, sin siquiera dejarme hablar. Cuando pude articular palabra y decir quien era, me conocieron y sin mirar ni los documentos me soltaron. Durante las seis cuadras que me separaban de mi hogar, percibí lo mismo que ahora, gran angustia y opresión de pecho. Erección pilosa y el corazón como saltando del tórax y necesidad de llorar y abrazar a alguno de mi familia.</strong></p>
<p><strong> El frío continuó en mi cuerpo, la sudoración untuosa, me invadía, se me aflojaban las piernas y sentí que caería, me tome del lavatorio. Aparecieron unas bocanadas de un líquido pastoso, por mi boca, muy ácido, pensé que vomitaría y me invadió un tremendo dolor de cabeza, localizado preferentemente en la nuca. Creo que ya caído los vi, por fin.</strong></p>
<p><strong> Eran bajos, con traje entre gris y verde oliva, con caras como tapadas por pasamontañas. Cayendo permanentemente, cuerpo a tierra, cundo se me acercaban. Enroscándose en si mismos como esferas, continuaban rodando, por el piso húmedo, como tomando posiciones para atacar.</strong></p>
<p><strong>Cuando avanzaban pasaban por sobre mí como sin verme, o sentirme allí caído. Sus facciones borrosas, parecían llevar cascos con antenas, no escuche palabra alguna durante la invasión. </strong></p>
<p><strong> Al instante un sonido fuerte, mas bien violento, y un viento frío, me envolvieron rápidamente. Inmediatamente aparecieron luces parpadeantes y sirenas como de bomberos, mi mente vio bajar helicópteros, y más tropa descender en el campo, me rodearon, alguien limpio la sudoración de mi cara. Indicaron que me levantarían y me comenzarían a transportar, no sabia adonde aun.</strong></p>
<p><strong> De pronto como a la distancia escucho la voz de Don Roque, con los ojos muy nublados, los oídos chasqueantes del sonido de las sirenas, se me dibuja, la cara de Mendieta, mi perro lamiéndome el rostro.</strong></p>
<p><strong>`... Dr... Gritó Don Roque, ...Me parece que se desmayó....</strong></p>
<p><strong> Por la pequeña ventana me había visto tirado en el suelo, y antes de probar la entrada llamó a la policía y a la ambulancia desde su antiguo celular. </strong></p>
<p><strong> Cuando abrió la puerta del baño, grandes vapores de alcohol mal quemado, emanaron, del mismo. Por lo que antes de levantarme abrieron todas las puertas y ventanas, las paredes del toilette estaban renegridas de humo y centenares de pequeños crustáceos, llamados vulgarmente bicho bolita, trepaban por las paredes. Al caer o ser tocados, por algo o alguien, formaban verdaderas esferas, que rodaban, según el declive.</strong></p>
<p><strong> Pasé dos días internado en el hospital, con oxígeno y otras cosas. El diagnóstico que luego espíe, de la historia clínica rezaba": Intoxicación con Monóxido de Carbono".</strong></p>
<p><strong> Volví a la casa-rancho, en perfectas condiciones. Primeramente me dirigí al baño a ver que había sucedido. Todavía pululaban mis soldados, por todas las paredes y el techo. Un desagüe tapado por el desuso, había generado que al volcar líquido, estallara el nido de los bichos bolita. Lo demás estaba como lo dejé, Mendieta me había esperado hasta entonces, sin comer. Posteriormente terminaría de arreglar todo.</strong></p>
<p><strong> Nunca más pensé en aquel episodio. Estaba vivo. </strong></p>
MAURICIO MODAY, EL MISMO DE SIEMPREhttp://s3.amazonaws.com/lcp/mmoday/myfiles/PIC0000465x65.jpghttp://mmoday.lacoctelera.net/post/2006/11/18/el-guitarrista-epoca-azul-picasso-EL GUITARRISTA (Epoca azul-PICASSO)2006-11-18T03:08:39+00:002009-05-11T09:07:27+00:00
<p><img src="myfiles/mmoday/ciego.jpg" width="630" height="916" class="imgizqda" />
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MAURICIO MODAY, EL MISMO DE SIEMPREhttp://s3.amazonaws.com/lcp/mmoday/myfiles/PIC0000465x65.jpghttp://mmoday.lacoctelera.net/post/2006/11/17/el-guitarrista-ciegoEL GUITARRISTA CIEGO2006-11-17T14:50:41+00:002007-11-06T07:24:21+00:00
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Mientras contemplo una reproducción de un famoso cuadro de Picasso, aquel que los entendidos llaman de “su época azul”, a mi entender admirable y fastuoso y denominado, “El Guitarrista ciego”, me abstraigo totalmente de la realidad.<br />
Es en ese momento que mi mente me transporta a la ciudad de Granada, en el sur de España, donde una mayólica recuerda al no vidente, menesteroso, que pedía limosna en el pórtico y rezaba: “Dame limosna mujer, que no hay en la vida nada como ser ciego en Granada”.<br />
Traigo a relación la imagen del cuadro con ambos no videntes y los fusiono en una sola persona. Seguramente fueron almas distintas, representadas en la misma dimensión y pareciendo compartir males, vicisitudes y miserias.<br />
Me pregunto entonces sí para aquellos, la falta de visión sería su principal impedimento. Dejando trasuntar lo que muestra Picasso en la tela, ropas roídas y aparentemente sucias, una indescriptible pobreza y desnutrición, casi inadmisibles. Lo que más me llama la atención es su inmensa tristeza reflejada.<br />
Entonces, pienso en la decadencia en que probablemente se hallaban aquellos menesterosos expulsados de sus respectivos senos familiares y por ende casi de la sociedad, por no poder mantenerse y mantenerlos.<br />
El pintor ilumina su imagen en la indigencia esperando solamente la limosna y tomando su guitarra como sostén de su desgracia. La música, o el lamento salido de ese instrumento, es él último bien conque la vida premia su miseria.<br />
Mis cabildeos van mas allá, pensando que esos ciegos acostumbrados al frío y al calor, ponen su exquisito sentido del oído por encima de los acordes de la guitarra, para escuchar el retintín chasqueante de las monedas al caer en el plato vacío. Unas y otros, sumadas quizás, le permitirán comer algo sólido.<br />
Luego dormirá en algún zaguán sucio y helado hasta que, un día, ese frío cubra su música o su vida.<br />
Un manto blanco como una mortaja de nieve, o de pobre, para que la muerte le llegue sin darse cuenta anestesiado por las bajas temperaturas. Como un paso a la eternidad tan imperceptible, pero tan majestuoso como la luz. Se introduce en la penumbra como un eclipse de sol por el disco negro central de su instrumento…</p>
<p> Piso helado.Allí yace sentado.<br />
Cae el azul sobre sus piernas delgadas,<br />
frías y desnudas, sin nada de fe en su mirada.<br />
Ropas roídas, azules y fuertes en hiladas.</p>
<p> Ambiente irreal de ensueño claro,<br />
ojos cerrados sin vida sana.<br />
Genio corto, lento y remiso,<br />
con pelo entrecano y manos huesudas.</p>
<p> Cuerdas escasas a punto de estallar.<br />
Guitarra coplera, sin partitura.<br />
Engalanada en la pobreza<br />
De unos pies descalzos. </p>
<p> Azules intensos con luces difusas,<br />
celestes borrosos de apagados tonos.<br />
Pobreza gigante lloran las musas.</p>
<p> Mauricio Moday</p>